Acompaña al pequeño Benjamín en una inolvidable aventura matutina al descubrir que su ángel de la guarda es un dulce unicornio azul. Juntos surcarán los cielos, contemplarán paisajes maravillosos y descubrirán el verdadero valor de la amistad, la responsabilidad y la protección celestial.
Una hermosa mañana de sol, el pequeño Benjamín abre la puerta de su casa para ir al colegio y descubre a un lindo unicornio azul esperándolo en la entrada. El suave caballito lo mira con dulzura bajo la luz matutina mientras el aire del jardín huele a flores frescas.
El caballito mágico saluda amablemente a Benjamín por su nombre con una voz cálida. Sorprendido e intrigado, el niño abre grande los ojos y le pregunta cómo sabe quién es él.
Con una sonrisa radiante, el unicornio le explica que es su ángel de la guarda y que siempre cuidará de él. Luego se agacha con elegancia e invita a Benjamín a subir a su lomo para llevarlo al colegio.
Benjamín trepa alegremente al lomo del caballito y ambos se elevan hacia el cielo despejado. Al saber que el unicornio no tiene nombre, el niño decide llamarlo cariñosamente Estrellita Azul por ser su protector celestial.
Emocionado con su nuevo nombre, Estrellita Azul empieza a bailar de felicidad en el aire. Con piruetas y giros juguetones entre las brisas suaves, llena el cielo de pequeñas chispas mágicas de alegría.
Benjamín le recuerda con ternura que no deben demorarse para no llegar tarde a clase. Estrellita Azul lo tranquiliza diciéndole que hay tiempo de sobra y lo invita a hacer una pequeña parada en la cima de la montaña más alta.
Al llegar al pico de la montaña, Benjamín se apea del unicornio azul para contemplar toda la ciudad. Con entusiasmo señala su casa, su colegio, la vivienda de su amigo Pedrito, el hermoso lago azul y el espeso bosque de pinos que protege la ciudad.
Tras admirar el hermoso paisaje, el caballito le avisa con dulzura que es hora de retomar el viaje. Benjamín vuelve a subir al lomo del unicornio, listo para volar hacia su destino escolar.
En cuestión de segundos, el mágico unicornio azul surca las esponjosas nubes blancas y desciende suavemente justo en la entrada principal del colegio, donde los demás niños llegan alegres.
Estrellita Azul le pide a Benjamín que estudie con entusiasmo, sea juicioso y buen amigo, prometiéndole esperarlo a la salida. Lleno de gratitud, el niño abraza a su nuevo ángel guardián y entra feliz a sus clases.
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ESTRELLITA AZUL Una mañana en que Benjamín salía para el colegio se encontró a la entrada de su casa con un lindo unicornio azul que lo esperaba. —Hola, Benjamín, buenos días —le dijo el pequeño caballito—, ¿ya vas para el colegio? —Sí, ¿y cómo sabes mi nombre —preguntó el niño intrigado. —Porque yo soy tu ángel de la guarda y debo cuidarte siempre. Ven, súbete y te llevo al colegio. De inmediato, Benjamín trepa a los lomos del caballito y se elevan por los aires. Mientras volaban, Benjamín le pregunta que cómo se llama y el unicornio le responde que no tenía nombre, entonces el niño le dice que como era su ángel guardián lo llamaría Estrellita Azul. El caballito se puso feliz con su nuevo nombre y empezó a bailar, muy contento, haciendo piruetas por el aire. —Estrellita, no podemos demorarnos mucho porque llegaría tarde al colegio. —No te preocupes, Benji —respondió el caballito—, tenemos aún tiempo de sobra. Te llevaré al pico de la montaña para que veas toda la ciudad desde lo alto. Una vez llegan, Benjamín se apea del unicornio azul y empieza a ver toda la ciudad. En eso señala con su dedo su casa, el colegio y la casa de su gran amigo Pedrito; también ve un lago que rodea la ciudad y un bosque de pinos que sirve de muralla contra el viento del Norte. —Bueno, amiguito —le dice el caballito—, es hora de regresar. Vamos para tu colegio. En cosa de segundos el unicornio azul surca las nubes del cielo y aterriza frente a la puerta del colegio. —Mira, Benjamín, hemos llegado a tiempo. Ahora entra a estudiar muy juicioso y aprende bien tus lecciones. Sé un niño bueno y responsable y a la salida de clases te espero para llevarte a tu casa. —Muy bien, Estrellita, así lo haré y muchas gracias por ser mi nuevo amigo y, especialmente, por ser mi ángel guardián…