Mudito y la Oreja Diferente - Growth stories

Mudito y la Oreja Diferente

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Story Description

Adéntrate en el vibrante bosque de Mudito, un osito con una oreja un poco diferente y un corazón enorme. Esta conmovedora historia celebra la amistad, la autoaceptación y la belleza de ser uno mismo, enseñando a los pequeños que lo que de verdad importa es la bondad que llevamos dentro. Un cuento lleno de color, risas y la valiosa lección de que nuestras diferencias nos hacen únicos y especiales.

Language:es
Published Date:
Reading Time:1 minutes

Keywords

Generation Prompt

En un bosque lleno de flores vivía un osito llamado Mudito. Mudito era suave, marroncito y tenía unos ojos muy brillantes. Pero… su oreja derecha estaba un poquito rota. No le dolía. No estaba triste. Solo estaba… diferente. Mudito podía hablar muy bien. Sabía cantar. Sabía contar chistes. Y le encantaba decir: —¡Vamos a jugar! Pero cuando veía a otros animalitos, se quedaba callado. Se tocaba su orejita. Miraba al suelo. Y pensaba: —¿Y si no quieren jugar conmigo por mi oreja? Un día, el conejito Saltarín estaba intentando alcanzar una manzana. —¡Uy, uy, uy! ¡No llego! —decía saltando y saltando. Mudito lo estaba viendo detrás de un árbol. Quería ayudar. Quería hablar. Quería jugar. Su corazón hacía: ¡Pum, pum, pum! Entonces respiró hondo… Tocó su oreja rota… Y salió despacito. —Yo… yo puedo ayudarte —dijo bajito. Saltarín lo miró… Miró su oreja… Y sonrió. —¡Qué bien! ¡Eres muy alto! ¿Me ayudas? Mudito empujó el árbol con cuidado… ¡Y la manzana cayó! —¡Gracias, Mudito! —gritó el conejito—. ¿Quieres jugar con nosotros? Mudito abrió mucho los ojos. —¿Con… vosotros? —¡Claro! —dijo la ardilla—. Nos encanta cómo cuentas chistes. —Y cómo corres —dijo el ciervo. —Y cómo ayudas —dijo el pajarito. Mudito se quedó quieto. Nadie se reía de su oreja. Nadie la señalaba. Nadie decía nada malo. Porque sus amigos veían algo más importante. Veían su risa. Su alegría. Su gran corazón. Mudito empezó a reír. Y rió tan fuerte, tan fuerte… que su risa llenó todo el bosque. Desde ese día, Mudito ya no escondía su oreja. Porque entendió algo muy importante: Las orejas pueden ser diferentes. El pelo puede ser diferente. El tamaño puede ser diferente. Pero lo que de verdad importa… es el corazón que tenemos dentro. Y el corazón de Mudito era enorme. Tan enorme… como su sonrisa.

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