Join Daniela on an extraordinary adventure with her Grandpa Tomás as they fix a whimsical time machine! Through playful discoveries of ancient artifacts and futuristic gadgets, this heartwarming story explores the magic of connection between the past, present, and future. A delightful tale of family, learning, and dreaming big, brought to life with vibrant illustrations.
La máquina del tiempo del abuelo Tomás Era un día soleado y Daniela fue a visitar a sus abuelitos. Allí vio a su abuelo Tomás junto a una máquina enorme y rara, que tenía ruedas, luces y un reloj muy extraño, con años en lugar de números. —¡Hola, abuelo! —dijo Daniela—. ¿Qué es esa cosa que hace “bip, bip, bip”? —¡Hola, Daniela! —dijo Tomás con una sonrisa—. Es mi máquina del tiempo, pero está rota. Solo tiene años del pasado y no sabe moverse. ¡Necesito tu ayuda para arreglarla! —¡Sí, abuelo! —dijo Daniela—. ¡Vamos a hacerlo! —Primero tenemos que conocer el pasado —explicó Tomás—. Mira, la máquina tiene algo dentro. ¡Saca un objeto! La máquina hizo “crac-crac, plin-plin” y salió una pluma antigua. —Mira, Daniela —dijo el abuelo—, con esto escribían los niños hace muchos años. ¡No había lápices ni bolígrafos! —¡Guau! —dijo Daniela—. ¡Es tan largo y delgado! Mis lápices de colores son mucho más cortitos. —Cada vez que descubrimos algo antiguo —dijo Tomás—, la máquina brilla un poquito más y los años del reloj se mueven. —¡Qué curioso! —dijo Daniela—. Yo puedo enseñarte cómo escribimos ahora con lápices y rotuladores. —¡Perfecto! —dijo Tomás—. Así la máquina aprenderá a distinguir el pasado del presente. La máquina siguió sacando objetos antiguos: un pupitre chiquito, una camiseta vieja, un juguete de madera. Cada vez que Daniela tocaba o comparaba los objetos, la máquina hacía “bip-bip-bop” y el reloj giraba un poquito más. Pasaron algunos meses, y la máquina seguía solo con años del pasado. —Abuelo —dijo Daniela—, ahora podemos enseñarle cómo es la vida hoy. —¡Sí! —dijo Tomás—. Saca algunos objetos que uses tú ahora. Daniela sacó figuras de animales y un coche moderno. —Mira, abuelo, ya no hay dinosaurios por todas partes —dijo Daniela—. —Y los coches y bicicletas también han cambiado —dijo Tomás—. Cada objeto que enseñamos hace que la máquina haga “bim-bam-brum” y brille más. La máquina parecía más feliz y ya casi estaba arreglada. Daniela y Tomás se reían comparando lo de antes y lo de ahora. Llegó el tercer trimestre, y era hora de enseñar el futuro a la máquina. —Abuelo —dijo Daniela—, vamos a mostrarle cómo será la vida dentro de muchos años. —¡Sí! —dijo Tomás—. Pero esta vez tendrás que enseñarle tú. Daniela sacó una nave espacial, una mochila voladora y un ordenador futurista. —Mira, abuelo —dijo Daniela—. En el futuro los niños viajarán por el espacio y usarán máquinas increíbles. —¡Qué moderno! —dijo Tomás—. Mete esos objetos en la máquina y mira cómo brilla “plim-plam-plum”. Juntos marcaron los años futuros en el reloj. La máquina empezó a brillar muchísimo y a girar y girar. Cada objeto enseñado era una pista para que entendiera el pasado, el presente y el futuro. —¡Lo logramos, Daniela! —dijo Tomás emocionado—. ¡La máquina ya puede moverse por cualquier época! Finalmente, con todos los objetos, años y retos, la máquina del tiempo del abuelo Tomás funcionaba perfectamente. —Gracias, abuelo —dijo Daniela abrazándole—. Ahora sabemos cómo todo está conectado: lo que pasó, lo que vivimos y lo que vendrá. —Gracias a ti, mi niña —dijo Tomás—. Con tu ayuda, la máquina puede enseñar a todos a cuidar el pasado, disfrutar del presente y soñar con el futuro.